¿Será una cosa de tiempo?, ¿desmotivación? ¿o es hora de aceptar que las cosas han cambiado y que para todo alguna vez llega su fin o su reemplazo? Se habla de los libros y quien mejor para opinar de su actual valor, que los vendedores de libros, específicamente de los de San Diego, un lugar que ya desde hace muchísimos años se ha caracterizado por su carácter literario, su carácter popular y cultural. ¿Pero acaso ellos no han cambiado también?
Francisca Montecinos
Hasta antes de la dictadura, la cultura en Chile tenía una difusión grandiosa. Librerías, cine, música y grandes espectáculos, gozaban de mucha recepción e interés, lo que proporcionaba aparte de una constante producción, una constante expansión en este terreno. Claro que esto respondía también a un periodo especial en la historia de Latinoamérica, donde se podría decir, que había una prosperidad general en las artes. El valor que se le otorgaba en ese entonces a estas actividades, era mayor y quizás no resulte tan difícil de imaginar, si es que tomamos en cuenta que muchos aspectos culturales y sicológicos en la gente y en los medios de difusión han cambiado.

No se trata sólo del número de librerías que hubo, de espectáculos, obras de teatro, ni de exposiciones. Porque todas estas actividades van directamente relacionadas a la cantidad de gente que quiere realizarlas, de otra forma ningún tipo de inversión cultural sería sostenible. Otro factor importante e influyente, sobre todo en la actualidad, es la tecnología, la información se puede obtener rápidamente a través de unos clicks y en cosa de segundos, frente a nuestros ojos aparecen páginas y páginas de contenidos cada vez mas resumidos y precisos, porque este mismo sistema requiere cada vez más de mayor rapidez, de muchos estímulos visuales y directos que se han ido instaurando en la mentalidad y las costumbres de la vida de hoy en día, lo que termina por hacerle una gran presión a lo que eran los antiguos métodos de conseguir información, como por ejemplo, consultar un buen libro.
Al observar sobre todo nuestros barrios más tradicionales lograremos darnos cuenta que aún hay rincones que guardan cosas que salvar y aprovechar
Santiago nos expone en sus construcciones y destrucciones, como ha ido cambiando. De muchas cosas sólo quedan recuerdos, pero definitivamente al observar sobre todo nuestros barrios más tradicionales lograremos darnos cuenta que aún hay rincones que guardan cosas que salvar y aprovechar. Antes, Irarrázabal estaba plagada de librerías que ahora son macilentos negocios misceláneos, de fachadas pintadas con colores opacos y materiales gastados por el tiempo.
Las pocas librerías que van quedando, están casi escondidas o son sólo un fragmento de lo que fueron. En contraposición a estos negocios que no pudieron adaptarse con el paso de los años al cambio de modelo económico, aparecen las nuevas librerías.
En providencia, por ejemplo, en un largo menos de dos cuadras, podremos encontrar muchas de estas costosas y aparatosas tiendas, de colores y formas singulares, despejadas, ordenadas y limpias. Todas rellenas de títulos de Mondadori, Alfaguara y Anagrama. Se hace común pensar que mientras más perfecto sea algo, será mejor, pero sin duda, las cosas que realmente se valoran, son las cosas características, las cosas que lograrán dejar una huella, un aprendizaje o un recuerdo y no cabe duda que si la perfección significa no admitir falencias o errores, no estará relacionada con lo que es la real esencia.
Los libreros son las personas que ven en los libros algo que más que una venta. Más que como un producto, sino como una real fuente de valor, de cultura e historia.
Las librerías antiguas, por ejemplo, son diferentes y aún podemos encontrar resquicios de algún esplendor: Los vendedores de huérfanos, son un caso, ellos quieren conversar de los libros que tienen, de los que han vendido y a quién. Casi todos tienen a un escritor al que le han vendido algún libro y convierten esa compra en una leyenda. A este perfil de vendedor de libros, se les llama libreros.
Los libreros son las personas que ven en los libros algo que más que una venta. Más que como un producto, sino como una real fuente de valor, de cultura e historia. Esta visión es la que se ha enfrentado con el ritmo de la vida actual, siempre con menos posibilidades de ganar, ya que ahora todo se toma como un negocio, como una buena empresa para obtener dinero. Así con el pasar de los años y la instauración creciente de este sistema y mentalidad tan lucrativa, son estos locales los que resultan más dañados. Podría de hecho, hablarse de una extinción de tiendas de libreros y, bajo esta desesperanzadora vista, por razones casi místicas, San Diego sigue resistiendo frente al tiempo y a los cambios, convirtiéndose en uno de los lugares de Santiago con mayor aglomeración literaria a la forma antigua.

Es en San Diego donde uno rápidamente se lleva la imagen de estar frente a un lugar antiguo, tradicional y con muchas historias. Las construcciones son así, la gente es así y los libros también. Son largos pasajes atiborrados de librerías, que a su vez están atiborradas de libros, cuidados por uno o dos dueños que por lo general se les puede ver sentados leyendo o caminando y observando, donde parecieran estar esperando a que alguien vaya y pregunte por un título difícil de conseguir.
Desde Alameda hasta la plaza de San Diego, podemos encontrar diversos negocios. A la entrada de la calle, justo después de un gran edificio redondo, están las tiendas con más afluencia. Locales establecidos y otros que se extienden en un carro justo al frente de las otras. Los libros en su mayoría, son los tradicionales, los más antiguos y conocidos a lo largo de la historia, es más complicado toparse con producciones de los 90 en adelante, pero eso no importa, es lo “vintage”, lo casi artesanal, eso es lo que importa. Los libros que generalmente traen tapas de cuero, editados por gente que está muerta o desaparecida, los lomos de los libros hechos a la antigua, es decir, zurcidos con hilo y pegados con pegamento. Casi ningún libro de ahí carece de historia o de un dueño previo.
Marcelo, de 40 años, trabaja ahí frecuentemente, alternando en turnos con sus familiares, quienes llevan trabajando allí ya varios años. El alega sobre las cosas que deberían mejorar en el barrio. Sabe que hay varios vendedores de libros que se han organizado en muchas ocasiones, para hablar con la municipalidad y pedir mejoras a varias falencias que tienen, como por ejemplo, estacionamientos, lo que les ayudaría mucho para aumentar la cantidad de gente. Han pedido también que limpien el lugar, que lo arreglen o que les implementen nuevos proyectos para promocionar el barrio y hacerlo más agradable, sobre todo en tiempos donde lo visualmente hermoso y lo limpio, se hacen cada vez más imprescindibles.
La misma opinión tenía Virginia, mujer de 42 años que llegó hace sólo unos meses a vender libros. Pese a que sólo cuenta con unos 5 a 6 meses instalada, tiene la sensación de que ya esta bien interiorizada en el tema. No forma parte de la directiva general, por ser tan nueva, pero ella apoya todas las peticiones que se están haciendo.
“La semana pasada de hecho, con esto de las elecciones a alcalde, vinieron candidatos a escucharnos, a hablar y estuvieron aquí mismo recorriendo. Pero ya sabemos que siempre es así en esta época y luego las cosas siguen igual que antes.” Dice Virginia.
Zalaquett y Ravinet son los actuales candidatos a alcalde mas populares en la comuna de Santiago Centro y tal como dicen los comerciantes del sector, ambos contemplan entre sus planes, mejoras para el barrio, sobre todo para las tiendas que están ubicadas en la plaza, justo detrás de la iglesia. En donde los dueños de los locales se han organizado en un plan para remodelar el parque, arreglar el suelo y realizar actividades artísticas.

Para poder realizar este cambio, no sólo se necesita de la intervención de las autoridades, también se requiere del esfuerzo y participación ciudadana
Este proyecto resulta muy importante para la mayoría de los vendedores de libros que trabajan en el sector y casi todos apoyan la causa con motivación, claro que siempre hay algunos más comprometidos que otros.
Un ejemplo de esto, es Jorge Pizarro, de la tienda “Libros Homero”, El llego a San Diego hace sólo 2 años, pese a eso es de los principales organizadores de la transformación que quieren llevar a cabo. Este hombre esta muy determinante frente a este tema y cree firmemente que poder realizar este cambio, es de las mejores cosas que pueden sucederle al barrio, y para esto, no sólo se necesita de la intervención de las autoridades, también se requiere del esfuerzo y participación ciudadana, asegura. Él mismo critica a la gente desinteresada, que tal como el dice, “llegan, trabajan y se van”, sin involucrarse mayormente en su espacio de trabajo.
La gente le prestaba mayor atención a estas tiendas, porque también los vendedores de libros han cambiado, antes eran verdaderos libreros, hombres con los que podías dedicarte a conversar largo rato sobre tus lecturas y hasta él podría recomendarte o aconsejarte sobre otro libros.
A unos puestos de “Libros Homero”, se encuentra Francisco Lagos, un hombre de unos 50, quien lleva 15 años trabajando en este lugar, el apoya rotundamente las mejoras que se proponen para el barrio, pero más de su importancia, es el tema cultural. “La gente le prestaba mayor atención a estas tiendas, porque también los vendedores de libros han cambiado, antes eran verdaderos libreros, hombres con los que podías dedicarte a conversar largo rato sobre tus lecturas y hasta él podría recomendarte o aconsejarte sobre otro libros”, dice.- “Ahora lo que más se encuentra son comerciantes, quienes traen sólo los libros más solicitados”
Tal cual dice este hombre, el constante enemigo en las librerías ha sido el “adaptarse o morir” por lo que a San Diego no puede dejar de pesarle la creciente tecnología, los “.pdf”, los resúmenes de libros, la aparición de muchas otras librerías nuevas y modernas. Por algo es que en este barrio lo que más se vende, son los textos y libros escolares obligatorios. Porque no sólo se trata de un cambio en el sistema, también es un cambio cultural.
Y aún así San Diego sigue de pie…
